La parroquia de San Felipe Neri de Albacete destaca por su sobria fachada de ladrillo visto y piedra tallada, construida a mediados del siglo XX en una época de gran crecimiento urbano y renovación espiritual.
Su pórtico de entrada, con tres arcos simétricos de medio punto, invita a los transeúntes a cruzar el umbral del ajetreo diario y adentrarse en el silencio y recogimiento del interior. La fachada se eleva de forma limpia hacia el cielo, rematada por una gran cruz de piedra que corona el frontón.
Al cruzar sus puertas, el espacio interior se ensancha notablemente en una sola nave monumental con techos altos y vigas vistas, dirigiendo de forma natural la mirada y los pasos de los fieles hacia el presbiterio y el Altar Mayor.